Hoy tengo ganas de una de esas entretenidas batallitas mías de viajes. Tranquilas chicas, que termina con “mensaje”; tranquilos, chicos: lo entenderéis, lo entenderéis...
La primera vez que llegué a aquel maravilloso Resort de Punta Cana, caí enamorada. Por fin entendí aquella palabra tan usada en el marketing turístico: Lobby ¡y cielos, qué lobby! Recepción inmensa a la derecha que vaya que daba la bienvenida. Todos aquellos conjuntos de sofás y sillones que te daban ganas de sentarte en todos, la larga barra de bar que serpenteaba llena de cócteles insinuantes y una orquesta tocando en un rincón de modo que los inmensos ventiladores del techo repartían notas a la par que aire fresco y, en el fondo, con la inmensidad de la vegetación de Bávaro detrás, aquella butaca de Emmanuelle con una elegante mesa de mimbre.
-¿Quién se sienta ahí? –Pregunté extasiada, imaginándome la colección de placeres que debían acompañar a estar sentada en un trono así.
-Es la mesa de la Relaciones Públicas.
Mirad si funciona aquello de la visualización cuando te pones, que en poco más de una semana me estaban entrevistando para el cargo. No, malpensados, no, ¡por supuesto que no tuve nada que ver en la desaparición de la antigua Relaciones Públicas! Ni siquiera la llegué a conocer...




