Ya sé que este blog aparece a menudo como un diario, pero no es el propósito. Claro que escribo por la simple razón de que no sé no hacerlo. Se me van los dedos, me vienen las palabras... pero por otro lado, el hecho de publicarlos ambiciona mucho más que el que que me miren (total, tampoco soy tan guapa). Busca el poder reírnos juntos, aunque sea empezando conmigo; el dejar un poso sobre el que pensar aunque sea yo la víctima de la metáfora porque siento que siempre es más fácil involucrarse en una historia cuando parece eso: una historia con personajes (que a veces se parecen a ti o a un amigo tuyo) y no un artículo impersonal y frío. A saber. Quizá si supiera escribir ese tipo de artículos no andaría escribiendo posts, pero insisto: no sé no hacerlo y si a lo mejor, en algún momento, alguna de estas palabras os sirven aunque sea un poco... os las regalo.
Y sin embargo estas líneas de ahora son absolutamente personales. Espero y quiero que no os sintáis identificados en ellas ni ahora ni nunca aunque, os adelanto que como en todos mis otros posts (como en todo lo que toco), hay un final feliz.
Hace diez años escuché por primera vez hablar del Virus de Papiloma Humano (VPH). Ojalá hubiera sido en un telediario, pero no, fue de boca de aquel señor con bigote que me dice "Relájese. Ahora sentirá frío. Esto le va a molestar. Esto quizá le duela" como si con ese discurso pudiera relajarme.




